En los movimientos religiosos y espirituales, a menudo separamos la verdad innecesaria y trágicamente en un enclave de trascendencia. Nunca negaría las cualidades trascendentes de la autorrealización, pero hasta que no reconozcamos que la verdad está viva en cada uno de nosotros ―tal como somos, en nuestras formas particulares y únicas, en nuestras circunstancias y comunidades particulares― solo realizaremos la verdad parcialmente.
Siempre había imaginado que realizar la verdad significaría que la personalidad desaparecería, o tal vez que esta forma se disiparía en un vapor sagrado. Pero en realidad, y lo que es más importante, es que es algo muy ordinario y muy íntimo. Esta forma en realidad se vuelve más ordinaria que nunca. Mis opiniones aún surgirán, los pensamientos aún surgirán, las emociones aún surgirán, pero ya no son confundidas con la realidad.
Había escuchado la enseñanza de que el mundo de la forma es una ilusión, y me imaginé que la realización de una no-dualidad sin forma implicaría algún tipo de desaparición. Todo lo contrario: ha sido un placer sin fin descubrir que esta presencia ilimitada de vida consciente está presente independientemente de la forma. Es todo. Es la fuente y la sustancia misma de cada forma de pensamiento, cada emoción, cada circunstancia, cada criatura.
En este momento, tú eres la verdad eterna. Todo lo que te imaginas ser surge en esa verdad, existe en esa verdad y desaparece de nuevo en esa verdad. La verdad es la naturaleza esencial de la consciencia, y la consciencia es la fuente de la conciencia individual. La verdad es la esencia de la vida. La verdad es lo que eres.
Los subproductos de esta realización pueden ser hermosos, exaltados y devastadores, pero al mismo tiempo indescriptiblemente ordinarios, mundanos y humanos. La verdad es que tu vida, precisamente como es, tiene la capacidad de ser consciente de sí misma como la vida misma. En este reconocimiento, podemos vivir el resto de nuestros momentos, nuestros días, nuestras décadas, conscientes sin esfuerzo de la vida consciente. Esta es la verdadera aventura de vivir. Este es el reconocimiento del ser consciente, siempre presente.
¿Puedes vivir con todos los altibajos de la experiencia de ser humano y aún ser consciente de y nutrido por la verdad de quién eres? ¡Sí! El despertar a esta verdad no es solo para los sabios del pasado, sino también para ti. Esta es una época de despertar ordinario. Si puedes cruzar la línea hacia el auto reconocimiento consciente, entonces todo lo que surge en tu conciencia lo hace solo para profundizar ese auto reconocimiento consciente. El resto de tu vida se puede vivir en ese reconocimiento y en la celebración y el compartir de eso.
Una vez que ha ocurrido un despertar en la libertad ilimitada e incondicional de tu verdadera naturaleza, ¿existe entonces la responsabilidad de vivir de cierta manera en el mundo?
¡A esto también respondería que sí! Cuando eres llamado al hogar, cuando de alguna manera te sorprende el deseo absolutamente misterioso e irrevocable de saber la verdad de quién eres, debes estar dispuesto a dejar a un lado cada historia de separación. Toda historia de separación es una historia de guerra.
Los seres humanos han estado haciendo la guerra desde siempre. La cultura es un reflejo de la mente individual, como la mente individual es un reflejo de la mente cultural. Si investigas los terribles acontecimientos que están sucediendo en todo el mundo, no es difícil ver que los que son causados por los humanos comienzan como reacciones a la ira y al miedo, al profundo dolor y la desesperación. Al ver esto, se hace evidente que estos acontecimientos externos son el resultado de la misma dinámica que ocurre dentro de nosotros. Si podemos reconocer en nuestras vidas individuales cómo nos resistimos a la rendición, cómo nos resistimos a nuestra vulnerabilidad, cómo lidiamos diariamente por el poder o el control, entonces podemos reconocer la tendencia hacia la guerra dentro de nosotros mismos ―las tendencias de totalitarismo, odio, venganza y dominio― y podemos reconocer directamente el sufrimiento que esas tendencias continúan produciendo.
Si estamos dispuestos a asumir la responsabilidad de nuestra propia profundidad del despertar, de nuestra propia paz, si podemos poner fin a la guerra en este único lugar de la Madre Tierra (¡tú!), entonces estamos realmente disponibles para efectuar un cambio mayor. Entonces al menos este lugar está en paz, es libre. Cada vez que alguno de nosotros elige la paz dentro de nuestra propia mente y corazón, se libera una enorme fuerza de energía y atención. Ser paz es ofrecer paz. Solo entonces veremos lo que realmente puede surgir en esta tierra.
Para la mayoría de nosotros, ciertamente para aquellos que tienen el tiempo libre para leer estas palabras, no estamos en la peor de las situaciones. En este momento no necesitamos huir de bombas o balas, de violaciones inminentes o del hambre. Tenemos refugio para pasar la noche, aunque todos debemos saber que este privilegio podría cambiar en un instante, en cualquier lugar o momento, ya sea por agitación política o desastre natural. Pero en este momento, muchos de nosotros en comunidades de todo el mundo tenemos la buena suerte de poder investigar realmente nuestra responsabilidad como seres humanos en nuestro planeta en este momento. Nuestro privilegio brinda la posibilidad de la autorreflexión y la oportunidad de investigar seriamente lo que es verdad. ¿Quiénes somos realmente?
No estás solo en este despertar. Hay personas en todo el mundo en este mismo momento con el mismo compromiso. Sin negar las olas de terror y sufrimiento en nuestro planeta, podemos reconocer que en este momento hay una gran ola de apoyo para el despertar, para que toda la raza humana realmente cambie su perspectiva de guerra, terror y odio hacia una de apertura y aceptación. Cada uno de nosotros es esencial.
Cuando uso la palabra "responsabilidad", no estoy hablando de responsabilidad como un látigo, una carga o incluso un deber. Te invito a que te hagas responsable de la verdad de quién eres, en este precioso cuerpo, en esta preciosa encarnación humana, durante este precioso tiempo en la Madre Tierra.
Muchas personas con las que hablo en todo el mundo parecen tan golpeadas y atadas por su propio abuso interno que la libertad interior se les escapa. Sin embargo, la salida es bastante simple, aunque a menudo extremadamente desafiante. Significa decir "no" a la voz totalitaria en nuestras cabezas y "sí" a la posibilidad de ecuanimidad interna. "Sí" a la inclusión. Te sugiero que simplemente abras tu mente y permitas que tu vida sea utilizada por la fuerza que está viva en tu corazón.
Y desde la perspectiva de la parctica, esta comprensión adquiere una profundidad todavía más radical y desarmante.
Porque esto no es simplemente una filosofía que afirma “todo es uno”. Es la demolición directa de la suposición central que sostiene toda separación: la creencia de que hay un “yo” independiente viviendo dentro de un mundo externo separado de él.
Cuando se habla de responsabilidad desde el despertar, no se está diciendo que un individuo separado deba volverse mejor, más compasivo o más consciente para mejorar el mundo. Primero hay que investigar ¿quién es ese individuo?
¿Dónde está exactamente ese “yo” que pretende despertar?
¿Dónde comienza y dónde termina?
¿Es una entidad sólida o una narración sostenida por memoria y pensamiento?
La indagación no añade nada nuevo; quita lo falso. Y lo falso no es el mundo, ni el cuerpo, ni las relaciones. Lo falso es la identificación exclusiva con la idea de “yo soy esta mente-cuerpo”.
Cuando esa identificación comienza a relajarse, no desaparece el mundo. Lo que desaparece es el centro imaginario que lo reclama.
Entonces la responsabilidad cambia completamente de significado.
Ya no es “yo debo salvar el mundo”.
Ya no es “yo debo ser espiritual”.
Ya no es “yo debo mantener la paz”.
Se convierte en algo más sutil y más íntimo: no interferir con la verdad de lo que es.
La guerra interior no es simplemente un conflicto psicológico; es la tensión creada por sostener una identidad ficticia. El miedo surge cuando esa identidad siente que debe protegerse. La ira surge cuando esa identidad siente que está siendo amenazada. La desesperación surge cuando esa identidad siente que no puede controlar su entorno.
Pero si investigas profundamente, descubres algo extraordinario: la conciencia en la que aparecen el miedo, la ira y la desesperación nunca está amenazada.
El contenido cambia.
La pantalla permanece intacta.
La enseñanza señala precisamente hacia esa pantalla. No para negar la película, sino para revelar su naturaleza.
Y aquí es donde la vida ordinaria se vuelve el campo perfecto de realización. Porque no necesitas un estado alterado para reconocer la conciencia. No necesitas una experiencia trascendental. Solo necesitas mirar con honestidad:
Antes de cualquier pensamiento sobre quién eres, ¿qué está presente?
Antes de cualquier emoción, ¿qué es consciente de esa emoción?
Antes de cualquier historia personal, ¿qué sabe que la historia está ocurriendo?
Eso es lo que eres
No como concepto.
No como creencia.
No como logro espiritual.
Sino como evidencia inmediata.
Desde esta comprensión, la pregunta “¿cómo debo vivir?” pierde su rigidez. Porque la vida ya está viviendo. La respiración sucede. El pensamiento sucede. La acción sucede. La decisión sucede. La compasión sucede. Incluso el error sucede.
La noción de un hacedor separado comienza a disolverse.
Esto no produce pasividad. Produce naturalidad.
La acción continúa, pero sin la carga psicológica de ser “mi acción”. La responsabilidad continúa, pero sin el peso del orgullo o la culpa. La relación continúa, pero sin la obsesión de completarse a través del otro.
La enseñanza no elimina la ética; la purifica. Porque cuando no hay un “yo” defendiendo su identidad, el impulso hacia el daño pierde fuerza. La compasión ya no es una virtud que deba cultivarse artificialmente; es la expresión espontánea de no-separación.
Si el otro no es verdaderamente “otro”, ¿cómo podrías dañarlo sin sentirlo como propio?
Por eso, cuando en el texto se habla de terminar con la guerra dentro de uno mismo, desde la práctica eso significa ver que el guerrero nunca fue real. Era una construcción mental defendiendo una frontera imaginaria.
La verdadera rendición no es rendirse a un poder externo. Es rendirse a la evidencia de que nunca hubo separación.
Y esto es profundamente desestabilizador para el ego espiritual.
Porque el ego puede sobrevivir siendo “despierto”.
Puede sobrevivir siendo “compasivo”.
Puede sobrevivir siendo “humilde”.
Pero no puede sobrevivir a la indagación honesta:
¿Quién soy yo sin pensamiento?
Aquí, el despertar deja de ser una experiencia espectacular y se convierte en un reconocimiento silencioso. Tan ordinario que la mente lo pasa por alto. Tan inmediato que no parece extraordinario.
La conciencia no necesita iluminación.
La conciencia es lo que ilumina.
Desde este lugar, la vida no se vuelve plana ni indiferente. Se vuelve íntima. Radicalmente íntima. Porque cada experiencia ―dolor, placer, pérdida, éxito― es reconocida como una modulación de la misma presencia.
Incluso el sufrimiento es visto bajo una nueva luz. No como castigo ni como fracaso espiritual, sino como un movimiento dentro de la totalidad.
Y esto no elimina la vulnerabilidad humana. No elimina el duelo, ni el miedo, ni la confusión. Pero elimina la creencia de que esas experiencias definen quién eres.
Eres el espacio en el que aparecen.
Y cuando esta comprensión se estabiliza, el mundo no se vuelve menos real; se vuelve menos pesado. La responsabilidad no desaparece; se vuelve liviana. Porque ya no está sostenida por la ansiedad de una identidad separada tratando de sobrevivir.
La enseñanza no promete un mundo perfecto. Promete claridad.
Y desde esa claridad, puedes amar sin posesión.
Actuar sin apropiación.
Servir sin orgullo.
Hablar sin necesidad de imponerte.
Escuchar sin defensa.
La espiritualidad deja de ser un proyecto de mejora personal y se convierte en una exploración constante de lo que ya es.
Cada momento es una invitación a ver:
¿Estoy funcionando como una identidad defensiva o como la conciencia abierta en la que todo surge?
No necesitas cambiar tu vida para investigar esto. No necesitas abandonar tu trabajo, tu familia o tus responsabilidades. Todo eso ocurre dentro de la conciencia que eres.
La no-dualidad no está en oposición al mundo; es la realidad del mundo.
Y cuando eso se reconoce, el privilegio del que se hablaba anteriormente ―el privilegio de poder reflexionar, de poder investigar― se convierte en una puerta sagrada. No para volverte especial, sino para dejar de fingir que eres algo separado.
En última instancia, la enseñanza no te ofrece un nuevo sistema de creencias. Te invita a mirar directamente.
Y en esa mirada, lo que parecía fragmentado se revela como indivisible.
No hay dos.
Nunca hubo dos.
Solo la vida,
consciente de sí misma,
jugando a ser muchos.
No hay que ir a ningún lugar distinto de este momento para encontrarte, para conocerte, para iluminarte, para liberarte. Todo ya está aquí. Y desde la mirada no-dual, esto no es una frase motivacional: es un hecho ontológico.
Lo que buscas no está en el próximo retiro, ni en el siguiente libro, ni en el próximo estado alterado de conciencia. Está en la conciencia que ahora mismo está leyendo estas palabras. No necesitas moverte para llegar a ti. No necesitas transformarte en alguien distinto para reconocer lo que eres. Lo único que necesitas es dejar de distraerte.
La mente siempre propone un después. “Cuando sane esto”, “cuando termine aquello”, “cuando entienda mejor”, “cuando esté más preparado”. Pero ese “cuando” es el mecanismo más sofisticado del autoengaño. Porque siempre está proyectado hacia adelante. Siempre en otra parte. Siempre fuera de este instante.
Y la verdad no vive en el futuro.
Si no puedes encontrar la luz en donde estás, no la encontrarás en ningún lugar. Porque la luz no es un objeto externo que se adquiere; es la claridad con la que ves. Es la conciencia misma que ilumina tu experiencia presente. ¿Dónde está esa conciencia ahora? Aquí. ¿Cuándo está disponible? Ahora.
La escuela es aquí y ahora.
No en una montaña, no en un monasterio, no en una versión mejorada de ti. La escuela es tu incomodidad actual. Es tu relación actual. Es tu cuerpo actual. Es tu miedo actual. Es tu deseo actual. Es tu frustración actual. Es tu alegría actual.
Ahí está la sabiduría.
Porque la sabiduría no es acumular conceptos espirituales; es ver directamente lo que está ocurriendo sin distorsión. Es notar cómo la mente quiere escapar. Cómo quiere adornar la experiencia. Cómo quiere negar lo que no encaja con su ideal de espiritualidad.
Huir es engañarte con una falsa espiritualidad.
Cuando usas lo “espiritual” para evitar sentir, para evitar responsabilizarte, para evitar enfrentar tu sombra, estás reforzando la misma estructura que dices querer trascender. No es trascendencia; es evasión. No es iluminación; es sofisticación del ego.
Desde Advaita, no hay otro lugar al que ir porque no hay otro momento distinto a este. El pasado aparece como memoria ahora. El futuro aparece como imaginación ahora. Todo sucede en este campo inmediato de conciencia.
Y lo que eres no está separado de este campo.
La sensación de estar incompleto, de necesitar algo más, de estar lejos de la verdad, surge como un pensamiento. Obsérvalo. Antes de ese pensamiento, ¿qué falta? Antes de la historia de carencia, ¿qué está ausente?
Nada.
La sensación de búsqueda es una modulación dentro de la conciencia que ya es completa.
Soltar el autoengaño no significa volverte perfecto. Significa dejar de afirmar como real la narrativa de separación. Significa dejar de repetirte que estás lejos. Que no eres suficiente. Que necesitas otro escenario para despertar.
La verdad espiritual no es un premio por esfuerzo; es la naturaleza del esfuerzo mismo. Es el fondo silencioso en el que aparece tu intento de avanzar, tu miedo a estancarte, tu juicio sobre ti mismo.
Sabotear tu avance es seguir creyendo que estás separado de aquello que buscas.
Cuando comprendes esto profundamente, algo se relaja. No porque te rindas a la mediocridad, sino porque dejas de luchar contra lo que ya es. Y en esa relajación, la inteligencia natural de la vida comienza a operar sin la interferencia constante del control mental.
La pregunta no es “¿cómo llegar?”.
La pregunta es “¿qué está aquí antes de intentar llegar?”.
No hay ningún lugar más sagrado que este instante. Ningún momento más propicio que este. Ninguna condición más adecuada que la que estás viviendo ahora mismo.
En donde estás está la realidad.
En donde estás está la verdad espiritual.
En donde estás está la totalidad.
Porque todo aparece en la única realidad que existe: la conciencia presente.
Deja de correr.
Deja de posponer.
Deja de inventar un mañana espiritual.
Mira.
Lo que buscas siempre ha estado aquí.